El primer ministro australiano visitó los restos calcinados de una sinagoga tras un ataque incendiario que describió como “malvado”.
Anthony Albanese, acompañado de líderes de la comunidad judía, prometió todo el apoyo necesario para reconstruir el lugar y superar “este acto de terrorismo”. Durante su intervención, calificó el ataque como un acto motivado por el antisemitismo y el odio, instando a la nación a mantenerse unida frente a tales crímenes.
En un gesto de solidaridad, el primer ministro portó un kipá mientras declaraba: “Este es un ataque contra todos nosotros, y como país debemos responder juntos”.
El incidente ocurre pocos días después de que Australia respaldara en la ONU una resolución que exige el fin de la “presencia ilegal de Israel en el Territorio Palestino Ocupado”, lo que ha generado tensiones en diversos sectores.