En un vídeo publicado el pasado sábado 17 de abril, musulmanes vinculados al Estado Islámico ejecutaron a un cristiano en el Sinaí, Egipto.
El asesinado fue identificado como Nabil Habashi Salama, de 62 años. En el vídeo, Salama aparece de rodillas, con tres hombres enmascarados que sostienen rifles detrás de él. El que está en el centro lanza la típica diatriba jihadista:
“Alabado sea Alá, que ordenó a sus esclavos [los musulmanes] luchar y que asignó la humillación a los infieles” -esta última parte se dice mientras el terrorista señala despectivamente al hombre atado y arrodillado que tiene delante- “hasta que paguen la jizya sintiéndose totalmente sometidos”.
El orador del medio continúa amenazando a “todos los cruzados del mundo” -una referencia a los cristianos de Occidente- mientras señala a los compatriotas del que va a ser asesinado: “en cuanto a vosotros, cristianos de Egipto, éste es el precio de vuestro apoyo al ejército egipcio”.
A continuación, el orador apunta con su rifle a la parte posterior de la cabeza del cristiano -mientras se corean cánticos de “¡jihad! ¡jihad!”- y dispara a bocajarro, matándolo.
No está claro cuándo se grabó el vídeo -Salama fue secuestrado más de cinco meses antes- y el momento de su publicación parece haber sido concebido para coincidir con la Semana Santa, que para los coptos y otras comunidades ortodoxas acaba de empezar. (Como se ha comentado aquí, los terroristas musulmanes tienen una afición por matar y aterrorizar a los cristianos y bombardear sus iglesias durante sus días más sagrados, especialmente la Semana Santa, más recientemente en Indonesia).
Según el informe original, el 8 de noviembre de 2020,
[Salem había salido] a las 8 de la tarde para comprar algo en una tienda cercana, cuando tres hombres armados y sin máscara lo detuvieron por la fuerza en medio de la concurrida calle. Obligaron a una camioneta que pasaba a detenerse, amenazaron a su conductor y lo obligaron a salir a punta de pistola. Empujaron al anciano Salem dentro de la camioneta y se alejaron rápidamente mientras disparaban balas al aire…. Peter Salem [su hijo] avisó directamente a la policía y presentó una denuncia. Envió una petición urgente al presidente Sisi para que interviniera con el fin de encontrar a su padre, no sea que corra la misma suerte que Bekhit Aziz Lamei [otro cristiano], que fue secuestrado el pasado mes de agosto en la aldea de al-Abtal, en el sur del Sinaí, y hasta la fecha no ha sido encontrado.
“Mantuvo la fe hasta el momento en que fue asesinado”, dijo el grupo Provincia del Sinaí sobre el copto asesinado en un comunicado. Varios activistas egipcios también han culpado a las autoridades de indiferencia o algo peor al no poder localizar y conseguir la liberación del cristiano de 62 años, algo que, según ellos, podría haberse hecho fácilmente.
Antes del clip que muestra su ejecución, Salama aparece en el mismo vídeo ofreciendo una “confesión”, diciendo que era responsable de la construcción de la iglesia copta ortodoxa de Santa María en Beir al-Abd, en el Sinaí, y que su “iglesia está cooperando con el ejército egipcio y la guerra de los servicios de inteligencia contra el Estado Islámico”.
Esta es una de las acusaciones más antiguas y patentemente falsas que los terroristas musulmanes lanzan contra la Iglesia copta de Egipto, que a su vez suele ser víctima del gobierno. La afirmación pretende adoptar un barniz de “justicia” en el asesinato aleatorio de cristianos coptos.
Además, la “confesión” fue claramente obtenida mediante tortura, ya que varios de los dientes de Salama aparecen rotos en el vídeo, aunque estaban bien antes de ser secuestrado, como confirmó su hijo y al comparar las imágenes del antes y el después. Como el “confesionario” se grabó antes de su ejecución, es posible que sus torturadores le prometieran falsamente su liberación si solo leía el guión. Además, cuando fue secuestrado por primera vez, los terroristas musulmanes se pusieron en contacto con su hijo exigiendo un rescate de cinco millones de libras egipcias (unos 318.000 dólares) por su liberación.
El Sinaí ha sido un hervidero de actividad jihadista y terrorismo, sobre todo después de que el ejército egipcio, en respuesta a las revueltas populares, derrocara al presidente Muhammad Morsi, de los Hermanos Musulmanes, en 2013. Los cristianos han sido especialmente objeto de secuestros, matanzas, inmolaciones y desplazamientos masivos.