El Banco de Israel ordenó a los prestamistas del país reservar 3.000 millones de shekels (839 millones de dólares) durante los próximos dos años para financiar un programa de alivios en tarifas y créditos. Esta medida busca mitigar el impacto económico de la guerra de 15 meses y fortalecer la confianza en el sistema bancario.
El banco central justificó esta decisión argumentando la incertidumbre geopolítica y los desafíos económicos derivados de la guerra. Además, subrayó la elevada rentabilidad de las entidades financieras, que han sido objeto de críticas por beneficiarse de las altas tasas de interés en préstamos e hipotecas, mientras que hogares y empresas enfrentan dificultades para cumplir con sus pagos.
El programa exigirá que cada banco reserve 1.500 millones de shekels anuales en 2025 y 2026 para ofrecer beneficios a sus clientes, en especial a hogares, pequeñas empresas y sectores más afectados por la guerra. Entre las medidas sugeridas se incluyen el pago de intereses sobre cuentas corrientes, tasas más favorables en depósitos a corto plazo, reducción de intereses en sobregiros y exención de ciertas tarifas bancarias.
Desde el inicio de la guerra con Hamás el 7 de octubre de 2023, el Banco de Israel solo redujo las tasas de interés una vez, en enero, manteniendo el costo del endeudamiento en 4,5%. Esto ha supuesto una carga adicional para la economía, en un contexto donde un 35% de los hogares ha visto disminuir sus ingresos, cifra que alcanza el 44% en las zonas norte y sur del país, donde la actividad económica ha sido severamente afectada.
Mientras tanto, los principales bancos israelíes, como Bank Hapoalim y Bank Leumi, han registrado ganancias récord en los últimos dos años. Las críticas se han centrado en su rapidez para aplicar aumentos en préstamos e hipotecas, pero su lentitud para mejorar las tasas de interés en depósitos.
El gobernador del Banco de Israel, Amir Yaron, ha reprochado a los bancos su beneficio desproporcionado a costa de los pagos hipotecarios y la falta de compensaciones justas a los ahorradores. Según Yaron, la alta rentabilidad de las entidades se debe en gran parte a los depósitos en cuentas corrientes, que representan una fuente de financiamiento barata y estable, pero que no ofrecen rendimiento adecuado a los clientes.