Las expectativas y las especulaciones sobre la respuesta de Estados Unidos si las negociaciones de Viena no consiguen reactivar el acuerdo nuclear de 2015 con Irán, conocido como Plan de Acción Conjunto, se disparan estos días. Expertos y expertos se muestran convencidos de que la administración de Biden seguirá imponiendo sanciones a Irán si en la séptima ronda no se llega a un entendimiento común para retomar el acuerdo.
Otros creen que a Washington no le queda más remedio que lanzar un ataque militar contra las instalaciones nucleares de Irán. Algunos analistas occidentales llegan a decir que la Casa Blanca podría aceptar un ataque militar de emergencia contra Irán.
La mayoría de las estimaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses indican que las capacidades nucleares de Irán están al borde de un “punto crítico”, lo que significa que Irán está a punto de adquirir un arma nuclear. Un factor que alimenta la perspectiva de un ataque militar es el decreciente optimismo de Estados Unidos sobre la posibilidad de un “acuerdo” con la nueva delegación negociadora de Irán.
Los informes de los medios de comunicación indican que ésta tiene puntos de vista muy diferentes a los de la anterior delegación bajo Hassan Rouhani. Quiere “todo” o “nada” en cuanto al levantamiento total de las sanciones estadounidenses, incluida la liberación de los fondos iraníes congelados en EE.UU. a cambio de volver a cumplir plenamente los términos del acuerdo nuclear de 2015.
Esta exigencia es una gran pérdida para la administración de Biden, que cree que las capacidades nucleares de Irán están muy por encima del punto en el que el ex presidente Trump se retiró del acuerdo en 2018. Necesita que Irán acepte el antiguo acuerdo y nuevos mecanismos de verificación para garantizar que el programa nuclear iraní vuelva a la normalidad antes de la retirada de Estados Unidos.
Esto es muy difícil, tanto en términos de implementación como de conseguir que Irán acepte. Más allá de los escenarios de guerra y de las propuestas que cada equipo considera que apoyan su posición, está el factor tiempo que impide a la administración Biden considerar siquiera la opción de la guerra con Irán.
Muchos discuten este escenario desvinculado del entorno internacional, que parece ser más importante para los responsables políticos estadounidenses. Es cierto que Estados Unidos no se quedará de brazos cruzados si Irán insiste en continuar con su programa nuclear y no aprovecha lo que Gran Bretaña llamó su “última oportunidad” en las negociaciones de Viena.
Pero eso no significa, en mi opinión, que la respuesta de EE.UU. se limitará a la opción militar, por varias razones y consideraciones. En primer lugar, la decisión de ir a la guerra en Oriente Medio no parece ser aceptable para el público estadounidense en este momento.
Además, las condiciones económicas y el impacto de la pandemia de coronavirus no hacen que esta decisión sea asequible para la Casa Blanca, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de lograr el objetivo (reducir las capacidades nucleares de Irán) con un ataque militar quirúrgico, y lo más importante, en mi opinión, es el creciente desafío estratégico chino a la influencia estadounidense en Asia Oriental.
En Taiwán están surgiendo oportunidades de intervención militar china. Washington se toma en serio la amenaza de guerra. El Pentágono, que considera a China un “gran adversario de Estados Unidos”, está considerando seriamente escenarios para defender a Taiwán.
El presidente Biden ha prometido que su país no permitirá una invasión de la nación insular, que China pretende anexionar. China, por su parte, ha advertido a través de sus medios de comunicación estatales que las fuerzas estadounidenses serían atacadas si intentaran ayudar a Taiwán en un ataque chino.
El espectro de la guerra se está intensificando hasta el punto de que el ministro de Asuntos Exteriores de Taiwán, Joseph Wu, ha expresado su esperanza de que Taiwán no desencadene una tercera guerra mundial. El dilema estratégico de Estados Unidos no se limita a Asia Oriental, sino también a la posibilidad de una invasión rusa de Ucrania. El presidente Biden ha advertido de las consecuencias de una incursión rusa en territorio ucraniano.
Las agencias de inteligencia estadounidenses creen que Moscú está planeando este escenario para principios de 2022, y las potencias europeas han pedido a la OTAN que se prepare para la guerra con Rusia. Pero la posición de Estados Unidos en este asunto es clara. Washington se limita a declarar su disposición a ayudar a Ucrania a defender su territorio y subraya que la acción militar (contra Rusia) está descartada.
El techo del apoyo estadounidense a Ucrania parece ser las nuevas sanciones contra Rusia. Las acciones de Estados Unidos se centran en responder a una invasión rusa con sanciones y apoyo militar al ejército ucraniano. Sobre la mesa del presidente Joe Biden convergen tres temas candentes: el expediente nuclear iraní, la amenaza de China a Taiwán y la posible invasión de Rusia a Ucrania.
Todas ellas son cuestiones complejas y críticas para los intereses estratégicos de Estados Unidos, especialmente la situación en Asia Oriental con respecto al futuro de la influencia global de Estados Unidos. Dada esta complejidad de cuestiones, el cálculo de los intereses estadounidenses tendrá sin duda la última palabra. En mi opinión, la posibilidad de una escalada militar estadounidense contra Irán es cada vez más improbable.
Sobre el autor: El Dr. Salem AlKetbi es un analista político de los EAU y ex candidato al Consejo Nacional Federal.