Francia, un país en medio del caos: incendios, violencia y confrontación interna. ¿La solución? ¿Considera aplicarse lo que tanto le predica a Israel?
Un primer balance de la guerra en Francia:
5.000 vehículos quemados, 1.000 edificios en llamas, 3.164 detenciones, 250 comisarías atacadas, 10.000 incendios de residuos, 700 miembros de la policía heridos, 234 escuelas afectadas, muchas de las cuales no reabrirán en septiembre, 99 alcaldes atacados.
Dos de los sindicatos policiales franceses —que representan el 90 % de las fuerzas del orden— han lanzado una dramática advertencia a la clase política. Dicen que “no pueden soportar más el dictado de estas minorías violentas”. Piden “luchar” contra este “parásito”. Y que “estamos en guerra”.
Ni siquiera las pequeñas ciudades, alejadas de los grandes centros de población y de las banlieues, se han librado. Y es allí donde comprendemos mejor lo que está ocurriendo.
Un incendio en Pithiviers, una ciudad de Loiret de origen galo, que cuenta con 12.000 habitantes. Como en Côte-d’Or, en Beaune, 22.000 habitantes. “Panadería y gasolinera atacadas, vehículos quemados, fuegos artificiales lanzados contra la comisaría”, titula Le Bien Public. Belley, en Ain, 9.000 habitantes, sede de un obispado muy antiguo.
- Numerosos ataques, informa Le Progrès. Coches quemados, cristales rotos, la terraza de un bar completamente destrozada por “veinte jóvenes”.
- Annonay, 16.000 habitantes, famosa por el globo que se elevó al cielo un buen día de 1783. 240 años después, se quemaron allí camiones y se lanzaron dos coches contra los gendarmes y los bomberos.
- En Pau, ciudad del rey Enrique enclavada a los pies de los Pirineos: incendiadas una oficina de policía, una escuela de enseñanza media y una mediateca.
- En Moissac, de 13.000 habitantes, con su famoso claustro del siglo XI, cuatro coches de policía incendiados.
- Ni siquiera Amboise, de 3.000 habitantes, enclavada a orillas del Loira y dominada por su castillo, se salvó: el ayuntamiento fue pasto de las llamas.
- Como Montargis, 15.000 habitantes, conocida como la “pequeña Venecia” por sus puentes y vías navegables. He aquí el relato de lo que sufrió: “La farmacia, la confitería, la óptica y la sastrería estaban hechas cenizas. 300 alborotadores saquearon e incendiaron el barrio. Incapaces de dominar a la multitud rabiosa y encapuchada, los 35 policías les dejaron alborotar hasta su marcha a las 3 de la madrugada”.
“Francia atraviesa una crisis perpetua”, explica a Atlántico el argelino Boualem Sansal. “Ha entrado en zona de tormenta: las crisis se suceden y se parecen, en casi todas las zonas. Hay quien dice que Francia se hunde: es la opinión de Michel Onfray, o de Eric Zemmour, por ejemplo. Como dijo el exministro del Interior Gérard Collomb, nos deslizamos hacia la confrontación. De momento estamos codo con codo, mañana puede que nos encontremos cara a cara y nos lancemos bombas y granadas”.
“Cuando el daño está hecho, cuando se remonta tan lejos, es comparable a un cáncer que se ha instalado y hace metástasis”. Había que reaccionar antes, en el momento de los primeros signos. En ese momento, por seguir con la metáfora médica, el tratamiento podría haber sido relativamente sencillo de administrar. Hay un deseo de romper con Francia y su cultura. Todo ello genera odio, que luego desemboca en violencia. No habrá vuelta atrás a lo que era Francia en los años sesenta. Se acabó, el agua ha corrido bajo el puente y la propia Francia ha cambiado mucho: ha renunciado a sectores enteros de su soberanía en favor de la UE, una organización burocrática y apolítica.
“Todo se desmorona por todas partes. Sin embargo, del lado del islamismo (en el sentido genérico del término), se encuentra gente que sabe adónde va, organizada y motivada: conquista corazones y territorios, pero también espacios económicos, industrias, religión… Es un verdadero pulpo global, que avanza estratégicamente”.
“Francia está condenada, en el peor de los casos, a la guerra civil; en el mejor, a la partición”, declaró Pierre Brochand, exdirector del servicio de inteligencia exterior de Francia (DGSE), en una comparecencia ante el Senado.
Dos Estados para dos pueblos podría ser la solución con una capital dividida en París.