¿Sabías que trasladarse unos kilómetros para evitar momentáneamente el fuego cruzado constituye un “éxodo”?
Yo tampoco, hasta que leí el indignante titular de la portada de The New York Times del 18 de febrero: “En Judea y Samaria, las tácticas de Israel provocan un éxodo”.
Este fue un intento apenas disimulado de los redactores del titular por invertir la historia judía. “Miren”, insinúa, “los judíos están haciendo con los árabes lo que el faraón hizo con los judíos”. Pero mientras que los judíos vivieron un verdadero éxodo en el antiguo Egipto, los árabes palestinos de hoy no están experimentando nada parecido.
Según el Times, las recientes operaciones antiterroristas de Israel en las ciudades de la Autoridad Palestina (AP) de Jenín, Tulkarem y Tubas han “desplazado a unas 40.000 personas de sus hogares”.
¿Adónde han ido? No a otro continente ni a otro país. Ni siquiera a otra ciudad. Este falso “éxodo” parece consistir en moverse solo unas pocas calles. Los “desplazados” se están alojando con “amigos y familiares” o en “salones de bodas, escuelas, mezquitas, edificios municipales e incluso un cobertizo en una granja”.
Dado que 40.000 personas no caben en un cobertizo, podemos asumir que la mayoría se está quedando con amigos cercanos o en las escuelas locales que menciona el Times. ¿Cuántas veces ha ocurrido en Estados Unidos que los habitantes de un pueblo tengan que refugiarse temporalmente en una escuela por una inundación o un huracán? ¿Alguien ha clasificado eso como un “éxodo”?
Más adelante, el artículo menciona que “alrededor de 3.000” de esos residentes ya han regresado a sus hogares. Y para cuando leas esto, sin duda miles más también habrán vuelto. Este podría ser el “éxodo” más corto de la historia.
De cualquier modo, la absurda idea del “éxodo” no debería distraernos del verdadero problema: ¿por qué las fuerzas israelíes están actuando en ciudades administradas por la AP? La respuesta es simple: porque su líder, Mahmoud Abbas, de 89 años, y su gobierno se niegan a hacerlo.
El Artículo VII del primer Acuerdo de Oslo, firmado por Israel y la AP en 1993, autorizó a la AP a establecer una “fuerza policial” de 12.000 efectivos. Mientras la comunidad internacional miraba hacia otro lado, la AP la expandió hasta convertirla en una “fuerza de seguridad” de 60.000 hombres, que en la práctica funciona como un ejército.
Y todo eso ha sido cortesía del contribuyente estadounidense: la CIA ha estado entrenando y armando a las fuerzas de seguridad de la AP desde su creación. La semana pasada, la administración Trump anunció la suspensión de esa asistencia. Ojalá esta suspensión se mantenga, especialmente tras las recientes revelaciones de que numerosos miembros de las fuerzas de seguridad de la AP han participado directamente en ataques terroristas contra israelíes.
Mientras tanto, según World Atlas, la AP cuenta actualmente con la sexta mayor fuerza de seguridad per cápita del mundo. The Washington Institute for Near East Policy califica las áreas administradas por la AP como “uno de los territorios más vigilados del mundo”.
Los Acuerdos de Oslo especifican qué deben hacer las fuerzas de seguridad de la AP ante la proliferación de terroristas en ciudades como Jenín, Tulkarem y Tubas: deben “aprehender, investigar y procesar a los perpetradores y a todas las personas directa o indirectamente involucradas en actos de terrorismo, violencia e incitación” (Anexo I, Artículo II, 3-c de Oslo II).
Sin embargo, la AP jamás ha cumplido con esas obligaciones. No arresta a los terroristas, no desmantela sus laboratorios de explosivos, no confisca sus depósitos de armas ni los extradita a Israel.
Hace unas semanas, algunos medios estadounidenses informaron que la AP estaba tomando medidas no especificadas contra los terroristas en Jenín. Es curioso que la supuesta campaña nunca apareciera en la agencia de noticias oficial de la AP, Wafa. Si la AP tomó alguna acción, aunque fuera solo por relaciones públicas, no duró mucho. El 18 de enero, The Jerusalem Post y otros medios informaron que la AP “firmó una tregua con los Batallones de Jenín” (compuestos por terroristas de Hamás y la Yihad Islámica Palestina).
¿Quieres evitar que Israel actúe en ciudades bajo administración de la AP? ¿Quieres evitar cualquier “desplazamiento”, aunque solo implique moverse unas pocas calles por unos días? La solución es simple: la AP debe dejar de firmar acuerdos de paz con grupos terroristas y empezar a combatirlos, tal como exigen los Acuerdos de Oslo. ¿O es que la firma de la AP en esos acuerdos no vale ni el papel en el que está escrita?
Moshe Phillips, veterano activista y autor pro-Israel, es el presidente nacional de Americans For a Safe Israel (AFSI). Ex miembro de la junta directiva del Movimiento Sionista Estadounidense, anteriormente fue director nacional de la división estadounidense de Herut y trabajó con CAMERA en Filadelfia. También fue delegado en el Congreso Sionista Mundial de 2020 y editor de The Challenger, la publicación del Movimiento Juvenil Sionista Tagar. Sus artículos de opinión y cartas se han publicado ampliamente en Estados Unidos e Israel.