Tropas israelíes han detectado en el sur del Líbano una cantidad significativamente mayor de armamento ruso en manos de Hezbolá de lo previsto, según un informe difundido este martes.
De acuerdo con The Wall Street Journal, muchas de estas armas originalmente pertenecían al ejército sirio, que durante años recibió suministros directos de Rusia. Así lo confirmaron funcionarios de seguridad sirios y un funcionario árabe citado en el informe.
Aunque no se ha determinado cómo estas armas llegaron al grupo terrorista libanés, se sabe que tanto Rusia como Hezbolá apoyaron al presidente sirio Bashar Assad en la guerra civil en Siria.
El arsenal hallado por las fuerzas israelíes supera ampliamente las estimaciones previas, tanto en cantidad como en sofisticación. Esto ha fortalecido la capacidad de Hezbolá para causar bajas entre soldados israelíes, según el informe.
Un comandante de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), encargado del Laboratorio Nacional de Desmontaje de Municiones, declaró al periódico que entre el 60 y el 70 % de las armas confiscadas en los primeros días de la operación terrestre son de fabricación rusa.
Entre las armas destacadas se encuentran misiles antitanque Kornet, fabricados tan recientemente como en 2020, lo que subraya la modernidad del equipamiento incautado.
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Por el momento, ni los gobiernos de Rusia y Siria ni la Oficina del primer ministro israelí han emitido comentarios respecto al contenido del informe.
Israel evalúa enviar armas rusas confiscadas a Ucrania
La política israelí hacia Rusia se ha caracterizado por mantener un delicado equilibrio debido a la presencia militar rusa en Siria, país vecino y frecuentemente hostil hacia Israel.
En contraste, desde el 7 de octubre, Rusia ha incrementado sus críticas hacia Israel, incluso en el Consejo de Seguridad de la ONU, y ha recibido a líderes de Hamás en reuniones vistas como una extensión de su relación cada vez más estrecha con Irán.
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Una iniciativa reciente de la viceministra de Asuntos Exteriores, Sharren Haskel, propone transferir a Ucrania las armas de fabricación rusa confiscadas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en Líbano, Gaza o Judea y Samaria. Esta propuesta ha sido bien recibida por el enviado de Kiev, aunque su viabilidad legislativa es incierta.
El proyecto de ley establece que cualquier armamento de origen ruso que no sea necesario para la defensa israelí podría ser entregado al gobierno ucraniano. Según el texto, el objetivo sería fortalecer las capacidades militares de Ucrania frente a las fuerzas que amenazan su soberanía.
En las notas explicativas, el proyecto subraya que transferir estas armas no solo elimina el riesgo que representan para Israel, sino que también apoya la lucha legítima de Ucrania por su independencia. Además, se resalta cómo esta acción podría socavar los intereses rusos en regiones como el Líbano y los territorios palestinos, contribuyendo así a la seguridad global.
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A pesar de esta propuesta, Israel ha mantenido su política de no enviar armamento a Ucrania desde el inicio de la guerra. No hay señales de que esta postura vaya a modificarse en el corto plazo, lo que pone en duda la aprobación de la iniciativa de Haskel.
Israel evalúa respuesta diplomática a Rusia
Arkady Mil-Man, exembajador de Israel en Rusia, instó al gobierno israelí a adoptar una postura más firme frente a Moscú. Según declaró al Journal, Israel debe ser “más asertivo y defender sus intereses” en el escenario internacional.
El diplomático destacó que “no toleraremos ninguna ayuda a Hezbolá e Irán que pueda perjudicar a los israelíes” y que esto debe ser claramente comunicado a Rusia. Carmelit Valensi, investigadora principal del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, sugirió que Israel debe abandonar su enfoque moderado, ya que las capacidades rusas están directamente relacionadas con las bajas en el terreno en el sur del Líbano.
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Desde el 8 de octubre, Hezbolá ha intensificado sus ataques casi diarios contra comunidades y posiciones militares israelíes en la frontera norte, alegando que estas acciones buscan “apoyar a Gaza”. Esto llevó a la evacuación de unas 60.000 personas de las ciudades cercanas a la frontera con el Líbano, tras el ataque de Hamás el 7 de octubre y el aumento de los disparos de cohetes por parte del grupo terrorista.
Los enfrentamientos en el norte han dejado un saldo de 44 civiles israelíes muertos desde octubre de 2023. Además, 70 soldados y reservistas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han perdido la vida en los combates transfronterizos y en la operación terrestre lanzada en el sur del Líbano a finales de septiembre.
Ataques adicionales se han registrado desde otros países de la región. Dos soldados israelíes murieron en un ataque con drones procedente de Irak, mientras que varios ataques desde Siria no han dejado víctimas, aunque evidencian la complejidad de la guerra.
Por otro lado, las FDI estiman que aproximadamente 3.000 combatientes de Hezbolá han muerto en la guerra. En el Líbano, además, se reporta la muerte de unos 100 integrantes de otros grupos terroristas y cientos de civiles, reflejando el alto costo humano de la guerra.