Tan recientemente como a mediados del siglo XX, cuando los árabes controlaron por última vez partes de Jerusalén, no mostraron respeto por la Ciudad Santa.
En 1948, cuando Jordania tomó el control de la parte del este de Jerusalén, incluyendo la Ciudad Vieja, dividió la ciudad por primera vez en sus 3.000 años de historia. Bajo el acuerdo de armisticio de 1949 con Israel, Jordania se comprometió a permitir el libre acceso a todos los lugares sagrados, pero no cumplió con ese compromiso.
Desde 1948 hasta la Guerra de los Seis Días en 1967, la parte de Jerusalén controlada por los jordanos volvió a convertirse en una ciudad provincial aislada y subdesarrollada, y sus lugares religiosos, el blanco de la intolerancia religiosa.
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La Ciudad Vieja quedó vacía de judíos. Los lugares sagrados judíos como el Monte de los Olivos fueron profanados. Jordania destruyó más de 50 sinagogas, y borró pruebas de la presencia judía. Además, todos los judíos fueron expulsados del Barrio Judío de la Ciudad Vieja adyacente al Muro Occidental, un área donde los judíos habían vivido durante generaciones.
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Durante 19 años, judíos y cristianos residentes en Israel (e incluso musulmanes israelíes) fueron excluidos de sus lugares sagrados, a pesar de la promesa de Jordania de permitir el libre acceso. Los judíos, por ejemplo, no pudieron orar en el Muro Occidental;
A los árabes cristianos que vivían en Israel se les negó el acceso a iglesias y otros sitios religiosos en la Ciudad Vieja y cerca de Belén, también bajo control jordano.
Durante el reinado de Jordania sobre el Este de Jerusalén, sus leyes restrictivas sobre las instituciones cristianas llevaron a un dramático declive en la población cristiana de la Ciudad Santa en más de la mitad – de 25.000 a 11.000 – un patrón que caracterizó a los árabes cristianos en otros países árabes en Oriente Medio, La libertad no es honrada.
Vale la pena señalar que después de que Jordania anexó Judea y Samaria en la década de 1950, tampoco logró hacer de Jerusalén -una ciudad que los árabes ahora reclaman como “el tercer lugar más sagrado del Islam” – su capital.
Sólo después de la Guerra de los Seis Días se reconstruyó el Barrio Judío y se restableció el libre acceso a los lugares sagrados para todas las religiones.