El vuelo del primer ministro Naftali Bennett a Moscú en Shabat, el día de descanso judío, fue inusual en muchos sentidos. Bennett, que se identifica como judío religioso, iba acompañado por el ministro de Vivienda y Construcción, Zeev Elkin, que también es observante, y los dos aprovecharon su tiempo en pleno vuelo para recitar las oraciones matutinas del Shabat.
Según Ari Kalman, de Behadrey Haredim, al aterrizar en Moscú, Bennett y Elkin se tomaron unos minutos de descanso para realizar una comida de Shabat abreviada, con jalá que Elkin había traído de Jerusalén.
A su regreso a Israel, Bennett dijo a sus compañeros de gobierno que “no ofreció una propuesta específica, sino que sólo me ofrecí como un intermediario honesto, un mediador en el que ambas partes pueden confiar, como también pueden hacerlo otras figuras”, refiriéndose a otros líderes mundiales que han intentado de forma similar avanzar en una solución diplomática entre Rusia y Ucrania.
Un comunicado de la Oficina del primer ministro informó de que la visita de Bennett formaba parte de un esfuerzo conjunto de mediación germano-israelí, en el que los líderes israelíes y alemanes trabajaban juntos. El comunicado añadía que Putin no se mostró “irracional ni conspirador ni explosivo” en la reunión entre ambos líderes.
Según un informe de Channel 13 News, no se tomó ninguna fotografía del primer ministro Naftali Bennett junto con el presidente ruso Vladimir Putin en su reunión en Shabat (sábado), ya que Bennett no quería ser fotografiado en el día de descanso judío.
Un alto funcionario del gobierno dijo a un reportero de Canal 13 que el viaje de Bennett a Moscú no fue un “ejercicio de relaciones públicas” sino un evento de importancia internacional que fue coordinado entre los dos líderes.
El funcionario añadió que la reunión entre Putin y Bennett produjo un cierto beneficio y facilitó la evacuación de judíos de la zona de guerra y su inmigración a Israel. Sin embargo, aún no se ha revelado exactamente lo que acordó Putin.