Hassan Nasrallah, líder del grupo terrorista libanés Hezbolá, expresó el lunes su férrea oposición a las conversaciones mediadas por Estados Unidos para resolver el conflicto de las fronteras marítimas entre Líbano e Israel, y arremetió en particular contra el enviado de Washington, de origen israelí, para las negociaciones, Amos Hochstein.
Israel y Líbano, enemigos desde hace mucho tiempo, han entablado conversaciones dirigidas por Estados Unidos durante el último año con el fin de demarcar las zonas económicas exclusivas en alta mar.
Se cree que la zona en disputa, de cientos de kilómetros cuadrados, contiene grandes depósitos de gas natural, lo que podría cambiar las reglas del juego para el Líbano, sumido en una devastadora crisis económica.
“Le digo al Estado libanés: Si queréis seguir negociando, adelante, pero no en Naqoura, ni con Hochstein, Frankenstein o cualquier otro Stein que venga al Líbano”, dijo el jefe del terror en un discurso dirigido al gobierno libanés.
“El camino de las negociaciones, y especialmente a través del conspirador, colaborador y deshonesto intermediario estadounidense que apoya a Israel, no nos llevará a ningún resultado”.
Las declaraciones de Nasrallah parecían contradecir los informes de principios de año que afirmaban que había dado luz verde a las conversaciones.
Nasrallah advirtió que, si Israel impedía que Líbano extrajera el gas de las zonas en disputa, Hezbolá también lo haría con Jerusalén.
“Puedo garantizarles que ninguna empresa internacional se atreverá a venir al yacimiento de gas de Karish o a cualquier otro lugar de la zona en disputa si Hezbolá lanza una amenaza clara y seria en este asunto”, dijo.
El pasado mes de octubre, Nasrallah advirtió a Israel contra la búsqueda unilateral de gas natural en la región marítima en disputa antes de que se alcance un acuerdo.
Israel y Líbano no tienen relaciones diplomáticas y están técnicamente en estado de guerra. Cada uno reclama unos 860 kilómetros cuadrados (330 millas cuadradas) del Mar Mediterráneo como parte de sus zonas económicas exclusivas.
Jerusalén y Beirut habían reanudado las negociaciones sobre su disputada frontera marítima en 2020, pero el proceso se estancó por la reclamación de Beirut de que el mapa utilizado por las Naciones Unidas en las conversaciones debía modificarse.
Los políticos libaneses esperan que los recursos de hidrocarburos comercialmente viables frente a la costa del Líbano puedan ayudar a sacar al país endeudado de una crisis financiera sin precedentes, calificada por el Banco Mundial como una de las peores del planeta en los tiempos modernos. La escasez de combustible ha paralizado el país en los últimos meses.
Con un Estado en bancarrota incapaz de suministrar más de una o dos horas de electricidad al día, los particulares, las empresas y las instituciones han dependido casi por completo de generadores alimentados por gasóleo.