Beijing ejecutó maniobras militares centradas en cortar acceso marítimo y aéreo a Taiwán, intensificando la tensión regional y el escrutinio internacional.
Ejercicios chinos simulan bloqueo y ataques en puntos estratégicos
El Ejército Popular de Liberación (EPL) de China ejecutó por segundo día consecutivo los ejercicios militares “Trueno del Estrecho-2025A” el 2 de abril de 2025, centrados en las regiones central y sur del estrecho de Taiwán. Estas maniobras, descritas por el portavoz militar Shi Yi como un ensayo de bloqueo conjunto y ataques de precisión contra infraestructuras simuladas, se realizaron en un contexto de creciente fricción entre Beijing y Taipéi.
Las operaciones incluyeron misiones coordinadas terrestres, navales y aéreas, y tuvieron como objetivo simular un cerco a Taiwán, con el fin de interrumpir el acceso al mar y al espacio aéreo de la isla. Estos movimientos reflejan una posible preparación del EPL para intervenciones militares directas en caso de conflicto.
El estrecho, que mide 180 kilómetros en su punto más angosto, es una ruta clave del comercio marítimo global, incluyendo el tránsito de semiconductores producidos en Taiwán. Las maniobras no solo exhiben capacidad militar, sino que también representan un intento de alterar el statu quo regional.
Beijing ha incrementado en los últimos años la frecuencia y alcance de sus actividades militares en la zona, pero las maniobras de esta semana representan una escalada en intensidad y proyección operativa, con implicaciones más allá del ámbito local.
Detalles clave del despliegue militar chino en el estrecho
- Participación del portaaviones Shandong en coordinación con fuerzas aéreas y navales
- Operaciones extendidas al este de Taiwán, fuera de la primera cadena de islas
- Simulaciones de ataques de precisión a puertos e infraestructuras energéticas
- Objetivo explícito de controlar el tráfico marítimo y aéreo en torno a Taiwán
- Declaraciones del EPL apuntan a una “advertencia severa” contra el independentismo
El portaaviones Shandong amplía la proyección estratégica de Beijing
Durante las maniobras, el grupo de combate del portaaviones Shandong operó cerca de la zona de identificación de defensa aérea (ADIZ) de Taiwán, y su participación señaló una clara intención de proyectar poder más allá de la primera cadena de islas. Esta cadena incluye a Filipinas, Okinawa y el sur de Japón.
El Shandong fue detectado el 31 de marzo por el Ministerio de Defensa de Taiwán y se integró plenamente en las operaciones del 2 de abril. Esta es una de las aproximaciones más próximas de un portaaviones chino a Taiwán hasta la fecha, aumentando el nivel de alerta regional.
El EPL declaró que los ejercicios buscaban evaluar la coordinación operativa entre fuerzas dentro y fuera del arco insular, una capacidad clave para una intervención o bloqueo efectivo de la isla en caso de conflicto militar abierto.
Este despliegue reafirma la ambición de Beijing de establecer superioridad aérea y naval en un espacio geoestratégico clave, elevando la preocupación de países como Estados Unidos, Japón y Filipinas respecto a la estabilidad en el Indo-Pacífico.
Respuesta militar y política inmediata por parte de Taiwán
El Ministerio de Defensa taiwanés reportó que, hasta las 6 a. m. del miércoles, se detectaron 76 aeronaves militares chinas, 15 buques de guerra y 4 embarcaciones oficiales operando en las cercanías. Esta cifra constituye el mayor despliegue aéreo registrado desde los ejercicios de octubre de 2024.
La reacción de Taipéi incluyó el despliegue de aviones de combate, buques y sistemas de misiles terrestres. La operación fue supervisada por el ministro de Defensa, Wellington Koo, quien denunció a Beijing como un “alborotador” que altera la paz regional.
Desde la Oficina Presidencial de Taiwán se condenaron las “provocaciones militares descaradas” y se advirtió que las acciones chinas comprometen la seguridad de la región, incluyendo a países como Japón, Corea del Sur, Filipinas y Australia.
La administración del presidente Lai Ching-te, en el poder desde mayo de 2024, ha adoptado una postura firme en defensa de la soberanía de la isla, intensificando las tensiones con Beijing, que lo ha calificado de “separatista” y “parásito”.
Preocupación internacional por una posible escalada en el estrecho
La portavoz del Departamento de Estado de EE. UU., Tammy Bruce, condenó los ejercicios calificándolos de agresivos y desestabilizadores. Reiteró el compromiso estadounidense con la defensa de Taiwán bajo la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979.
Aunque no existe una alianza formal, la presencia militar de EE. UU. en bases en Japón y Filipinas, sumada a las declaraciones del secretario de Defensa Pete Hegseth sobre mantener una “disuasión creíble”, sugiere que cualquier escalada podría incluir una respuesta estadounidense directa.
Otras potencias también manifestaron preocupación. Japón consideró las maniobras como una amenaza directa, dada la proximidad de Okinawa. La Unión Europea expresó su deseo de preservar el statu quo y la estabilidad comercial en el estrecho.
Analistas de Eurasia Group han advertido que Beijing parece menos dispuesta a moderar tensiones, elevando el riesgo de una crisis directa. A su vez, Taiwán ha incrementado su presupuesto de defensa al 3% del PIB y extendido el servicio militar obligatorio a un año.
Maniobras chinas podrían tener una segunda fase en el corto plazo
Los ejercicios “Trueno del Estrecho-2025A” se inscriben en una estrategia del EPL de “usar al enemigo para entrenar a las tropas”. Al provocar respuestas defensivas de Taiwán, China obtiene información táctica sobre sus sistemas y tiempos de reacción.
Según expertos como Wen-ti Sung del Atlantic Council, estos ejercicios buscan mejorar la preparación del EPL para escenarios de conflicto real. No se ha especificado su duración, pero la designación “2025A” sugiere una posible continuación bajo el nombre “2025B”.
Mientras tanto, Taiwán y sus aliados internacionales continúan monitoreando la situación y fortaleciendo su postura disuasiva. En un contexto geopolítico frágil, el estrecho de Taiwán se convierte cada vez más en un epicentro estratégico con alcance global.
La línea entre ejercicios militares y hostilidades abiertas podría desdibujarse rápidamente, con consecuencias significativas para la seguridad, la economía y el equilibrio de poder en el Indo-Pacífico.