El destructor de la clase Zumwalt de la Marina de EE. UU., una vez aclamado como un hito en la ingeniería naval y respaldado con una inversión de 4,4 millones de dólares, se enfrenta ahora a la realidad de ser considerado un concepto fallido. Sin embargo, el Departamento de Defensa de EE. UU. no ha abandonado totalmente estos buques, brindándoles una oportunidad renovada para cumplir con las expectativas originales.
Recientemente, hacia finales de 2023, se asignaron fondos adicionales destinados a la modernización de la flota Zumwalt. Aunque los detalles específicos sobre las actualizaciones permanecen bajo reserva, hay un consenso general entre los expertos de que la integración de sistemas de armamento avanzados, como los misiles hipersónicos del programa Conventional Prompt Strike (CPS), es una evolución probable. El futuro de esta clase de destructores, previamente descartada, está pendiente de ser redefinido por la Armada.
Una certeza resalta en este panorama incierto: no se construirán más buques de la clase Zumwalt, dado que el programa ha sido oficialmente cancelado.
Travesía histórica de los destructores clase Zumwalt

Los destructores clase Zumwalt emergieron del programa “Combatiente de Superficie para el Siglo XXI”, concebido en la década de 1990. En aquel entonces, se vislumbraba que estos buques serían el pilar de la flota. El modelo DD-21, denominado “Destructor para el Siglo XXI”, fue diseñado con un casco innovador de 16.000 toneladas, equipado con 128 tubos de misiles y cañones de largo alcance.
La proyección de la Armada, en aquel momento, contemplaba la posibilidad de enfrentamientos en el Mar de Noruega, y en respuesta, el diseño del Zumwalt se enfocó en la capacidad de resistencia posterior a un hipotético ataque soviético. Este enfoque en la “supervivencia” llevó a la fusión del puente del buque y el Centro de Información de Combate en un núcleo central.
Interesantemente, una década antes del desarrollo del DD-21, la Armada reactivó cuatro acorazados de la clase Iowa de la Segunda Guerra Mundial para asistir en operaciones anfibias del Cuerpo de Marines. Sin embargo, con el fin de la Guerra Fría, estos conceptos de diseño y los mismos acorazados de la clase Iowa se tornaron obsoletos.
Innovación y potencia de fuego en los destructores Zumwalt

La construcción de los destructores clase Zumwalt se centró alrededor de un par de cañones Advanced Gun Systems (AGS) de 155 mm y cañones rápidos de seis pulgadas, diseñados para disparar el revolucionario proyectil de artillería Long Range Land Attack Projectile (LRLAP). Este proyectil de vanguardia tenía la capacidad de alcanzar blancos hasta a 83 millas de distancia, superando con creces a los proyectiles convencionales disparados en trayectoria balística.
A pesar de que los proyectiles de 6 pulgadas no igualaban la potencia de los cañones de 16 pulgadas de los acorazados, el LRLAP destacaba por su precisión inigualable. El sistema de cañones podía lanzar hasta 10 proyectiles por minuto, ajustando sus trayectorias para asegurar impactos simultáneos en el objetivo designado.
Rediseño y desafíos de la flota Zumwalt

La clase Zumwalt, con su distintiva proa en forma de cuchillo, marcó un hito en el diseño de los buques de combate de superficie. Este diseño único les confería una estabilidad superior en condiciones climáticas adversas. Estos buques, de imponentes 600 pies de eslora, estaban preparados para albergar una tripulación de al menos 150 personas. Su estructura destacaba por una superestructura trapezoidal que encapsulaba de manera eficiente radares, antenas, mástil y otros componentes electrónicos esenciales.
En el corazón de estos colosos marinos, las turbinas de gas Rolls-Royce MT30 y los turbogeneradores Rolls-Royce RR4500 generaban una potencia formidable, permitiéndoles alcanzar velocidades que superan los 30 nudos, y un desplazamiento aproximado de 16.000 toneladas.
La capacidad de generar hasta 78 megavatios de energía, según informes del Mando Indo-Pacífico de EE. UU., ponía a estos destructores a la par con los portaaviones de propulsión nuclear en términos de producción energética.
Destinados primordialmente a misiones de ataque terrestre, los Zumwalt no escatimaban en capacidades defensivas típicas de un destructor. Cada buque estaba equipado con 80 sistemas de lanzamiento vertical Mark 57, aptos para alojar una variedad de misiones, incluyendo misiles antibuque LRASM y cohetes antisubmarinos ASROC.
Fortaleza y fragilidad: el paradigma de los destructores Zumwalt

A pesar de su impresionante diseño y capacidades, los destructores clase Zumwalt enfrentaron una serie de desafíos y contratiempos. Poco después de su introducción en 2016, el USS Zumwalt, buque insignia de la clase, sufrió averías en el Canal de Panamá. El segundo destructor de la serie, el USS Michael Mansoor, experimentó fallos durante sus pruebas de mar. Según un análisis de la revista Military Watch, estos buques se vieron comprometidos por problemas en su armamento, motores y capacidades furtivas, entre otras cuestiones.
Estas dificultades se agravaron por la falta de ciertas características críticas, como misiles antibuque, torpedos antisubmarinos y misiles de defensa antiaérea de largo alcance, limitando su versatilidad en combate. Además, el coste prohibitivo de los proyectiles guiados de ataque terrestre de largo alcance, valorados en unos 800.000 dólares cada uno, equivalente al precio de un misil de crucero, planteaba un problema económico considerable.
Originalmente estimado en 1.340 millones de dólares por buque, el coste final de la clase Zumwalt se disparó a casi 7.000 millones de dólares, lo que generó cuestionamientos sobre su viabilidad.
La decisión del Departamento de Defensa de dar una segunda oportunidad a estos destructores sugiere la posibilidad de redimir y aprovechar al máximo el potencial de la clase Zumwalt.
Los destructores clase Zumwalt están equipados con 80 sistemas de lanzamiento vertical Mark 57, aptos para misiles antibuque LRASM y cohetes antisubmarinos ASROC. Incluyen también cañones Advanced Gun Systems (AGS) de 155 mm y cañones rápidos de seis pulgadas, diseñados para disparar el proyectil de artillería Long Range Land Attack Projectile (LRLAP), con un alcance de hasta 83 millas.
La clase Zumwalt se distingue por su proa en forma de cuchillo y una superestructura trapezoidal, que encapsula eficientemente radares y otros componentes electrónicos. Este diseño único ofrece estabilidad superior en condiciones climáticas adversas y una estructura optimizada para la furtividad.
Los destructores clase Zumwalt cuentan con turbinas de gas Rolls-Royce MT30 y turbogeneradores RR4500, generando una potencia formidable. Esto les permite alcanzar velocidades superiores a 30 nudos y un desplazamiento aproximado de 16.000 toneladas, además de producir hasta 78 megavatios de energía.
La clase Zumwalt enfrentó desafíos y contratiempos como averías, fallos en pruebas de mar y problemas en su armamento, motores y capacidades furtivas. La falta de ciertas características críticas y el elevado costo de los proyectiles LRLAP contribuyeron a considerarla un concepto fallido.
El futuro de los destructores clase Zumwalt se encuentra en proceso de redefinición. Recientemente, se asignaron fondos adicionales para su modernización, incluyendo posiblemente la integración de sistemas de armamento avanzados como los misiles hipersónicos del programa Conventional Prompt Strike (CPS).Principio del formulario