El F-35 lidia con amenazas extranjeras como el Su-57 y J-20, pero también con fallas técnicas, sobrecostos y tensiones en Lockheed Martin.
Amenazas de Rusia y China presionan la superioridad aérea del F-35
Desde su creación, el F-35 Lightning II, desarrollado por Lockheed Martin, se presentó como un caza furtivo de quinta generación destinado a garantizar la superioridad aérea de Estados Unidos y sus aliados. Este programa de defensa, uno de los más costosos y ambiciosos de la historia, tiene como objetivo hacer frente a las amenazas contemporáneas en el campo de batalla. Sin embargo, además de rivales externos, también enfrenta dificultades internas que han complicado su desarrollo y despliegue.
Entre sus principales enemigos externos destacan los cazas avanzados fabricados por Rusia y China. El Sukhoi Su-57, operativo desde 2020, combina capacidades furtivas con alta maniobrabilidad gracias a su empuje vectorial. Está equipado con sensores modernos y misiles de largo alcance como el R-77M. Aunque su producción ha sido limitada y su furtividad menor a la del F-35, su velocidad sostenida y operatividad en zonas de alto riesgo lo convierten en un contendiente serio.
Otro rival relevante es el Chengdu J-20 chino, activo desde 2017, diseñado para misiones de largo alcance y superioridad aérea. Utiliza una configuración furtiva y alberga misiles como el PL-15, con un alcance superior a los 200 kilómetros. A pesar de las dudas sobre la calidad de sus motores WS-10 y su tecnología stealth, el ritmo de modernización militar de China y su enfoque en la guerra electrónica fortalecen su posición.
Además de los cazas enemigos, el F-35 enfrenta la amenaza de sistemas antiaéreos avanzados. El S-400 ruso y el HQ-9 chino cuentan con radares potentes y misiles de largo alcance, lo que pone en entredicho la capacidad de penetración del F-35, incluso con su diseño furtivo.
Fallas técnicas y retrasos complican el desarrollo del programa
Las dificultades internas han tenido un impacto igual o mayor que las amenazas externas. Desde su inicio bajo el programa Joint Strike Fighter (JSF) en 2001, el proyecto ha sufrido fallas técnicas que han provocado demoras y cuestionamientos sobre su fiabilidad. Uno de los principales obstáculos ha sido el sistema de software Tech Refresh 3 (TR-3), una actualización clave para mejorar sensores y procesamiento.

En 2023, los retrasos en TR-3 impidieron la entrega de más de 100 unidades ya terminadas, que permanecieron almacenadas en Lockheed Martin por fallos detectados durante pruebas. Como resultado, el Pentágono redujo las penalizaciones por unidad de 5 a 3.8 millones de dólares, lo que permitió a Lockheed recuperar parte de los fondos retenidos, aunque evidenció la dimensión del problema.
Otro componente crítico afectado ha sido el motor Pratt & Whitney F135, que ha presentado sobrecalentamiento y desgaste prematuro, limitando las capacidades operativas del avión e incrementando los costos de mantenimiento. A esto se suman las deficiencias del sistema de soporte ALIS, diseñado para coordinar mantenimiento y operaciones, pero criticado por su complejidad y fallos constantes.
Riesgos tecnológicos y costos ocultos del F-35
- Más de 100 F-35 quedaron almacenados en 2023 por fallos de software TR-3.
- El motor F135 ha registrado sobrecalentamientos y desgaste acelerado.
- El sistema logístico ALIS ha sido calificado como ineficiente por sus constantes errores.
- El programa JSF acumula más de 1.7 billones de dólares en costos proyectados de por vida.
- El precio por unidad del F-35A supera frecuentemente los 90 millones de dólares.
Presiones financieras y conflictos con países socios del programa
El programa F-35 se ha visto afectado por una escalada de costos significativa. El gasto total a lo largo de su vida útil supera los 1.7 billones de dólares, convirtiéndolo en el programa militar más costoso de la historia estadounidense. En 2024, el Pentágono firmó con Lockheed Martin un contrato por 11.8 mil millones de dólares para fabricar 145 unidades adicionales correspondientes a los Lotes 18 y 19.

Estos acuerdos, aún sin definir completamente, reflejan negociaciones prolongadas y la necesidad de mantener la producción. A pesar de ello, los sobrecostos han generado tensiones con países aliados. Canadá, por ejemplo, reconsideró en 2025 su compra de 88 unidades acordada en 2023, debido a preocupaciones sobre el precio y la dependencia tecnológica de Estados Unidos.
Dinamarca también ha manifestado arrepentimiento por haber elegido el F-35, mientras que Suiza ha optado por mantener su decisión, considerando inviable cancelar los pedidos por su avanzado estado. Estas divergencias reflejan una creciente preocupación entre los socios del programa.
En términos de costos individuales, la variante más común, el F-35A, ha alcanzado precios entre 80 y 100 millones de dólares por unidad, muy por encima de las estimaciones originales, afectando la percepción del proyecto en mercados internacionales.
Problemas internos en Lockheed Martin y conflictos con el Pentágono
Dentro de Lockheed Martin, las tensiones han escalado por la gestión del programa F-35. En febrero de 2025, la empresa firmó un acuerdo de 29.74 millones de dólares con el Departamento de Justicia para resolver acusaciones relacionadas con precios defectuosos. Esta situación aumentó la presión del Pentágono para mejorar eficiencia y reducir gastos.
Durante 2024, Lockheed reportó pérdidas por 1.29 mil millones de dólares en proyectos clasificados de sus divisiones de aeronáutica y misiles, lo que afectó sus proyecciones para 2025 y provocó una caída bursátil del 8%. Este contexto coincidió con la adjudicación del contrato Next Generation Air Dominance (NGAD) a Boeing, por más de 20 mil millones de dólares, desplazando a Lockheed.

Además, la eliminación de Lockheed de la competencia por el caza furtivo naval F/A-XX ha debilitado su posición en el sector. Estas derrotas empresariales reflejan la creciente presión sobre la compañía para sostener su liderazgo en la industria de defensa aérea avanzada.
Las exigencias del Pentágono por acelerar la producción y reducir costos también han generado fricciones internas en la empresa, poniendo en entredicho su capacidad para manejar proyectos de esta envergadura.
Accidentes, rumores y la tensión internacional rodean al F-35
La trayectoria operativa del F-35 ha estado marcada por incidentes que dañaron su imagen pública. Reportes de colisiones en vuelo y problemas estructurales han causado la pérdida de aeronaves. A pesar de estas fallas, el F-35 ha demostrado capacidades destacadas, como su uso por parte de Israel en 2024 en el espacio aéreo iraní.

Críticos como el expresidente Donald Trump han cuestionado el costo del programa, proponiendo alternativas más baratas como drones y misiles. Aun así, Lockheed entregó 110 F-35 en 2024 y prevé entregar entre 170 y 190 en 2025, incluyendo unidades previamente almacenadas que pasaron las pruebas de TR-3.
En el plano internacional, la confianza de algunos aliados europeos ha disminuido por rumores sobre un supuesto “interruptor de apagado” controlado por EE. UU. Este factor ha complicado las ventas, que representan aproximadamente el 35% de las entregas anuales de la empresa.
Países como Japón e Italia mantuvieron su compromiso con el F-35, con pedidos para 2025 que generan ingresos superiores a los 15.5 mil millones de dólares. Entretanto, fabricantes europeos como Dassault, con su caza Rafale, intentan aprovechar la incertidumbre, aunque su menor capacidad de producción limita su alcance inmediato.