El F-35 en “Modo Bestia” aumenta su carga armamentística a costa de su sigilo, adaptándose a escenarios donde la superioridad aérea ya está asegurada.
El F-35 y su transformación táctica con configuración externa de armas
El F-35 Lightning II, desarrollado por Lockheed Martin, destaca como una de las aeronaves más sofisticadas del siglo XXI. Diseñado como un caza furtivo de quinta generación, combina tecnología stealth, sensores avanzados y conectividad en red. Una de sus configuraciones más discutidas es el llamado “Modo Bestia”, una modalidad no oficial que maximiza su carga ofensiva mediante el uso de pilones externos, comprometiendo parte de su capacidad de sigilo.
En esta configuración, el F-35 utiliza tanto sus bahías internas como soportes externos, lo que le permite alcanzar una capacidad total de hasta 18.000 libras de armamento —y teóricamente hasta 22.000 según Lockheed Martin—, frente a las 5.700 libras que puede llevar en su configuración stealth. Este diseño versátil permite al avión adaptarse a distintas fases de la guerra, iniciando operaciones con sigilo y transicionando al “Modo Bestia” cuando se ha asegurado la superioridad aérea.
El concepto fue puesto en práctica por la Royal Air Force durante ejercicios como Westlant 19, donde los F-35B británicos llevaron bombas Paveway y misiles ASRAAM en condiciones operativas simuladas. Esta capacidad multifunción refuerza el papel del F-35 como plataforma adaptable para misiones aire-aire y aire-tierra.
Además de su modularidad, todas las variantes —F-35A, B y C— cuentan con puntos de anclaje externos, lo que garantiza que cualquier fuerza aérea usuaria pueda emplear esta modalidad dependiendo de sus necesidades estratégicas.
Datos operativos clave del “Modo Bestia” en el F-35
- Capacidad máxima de armamento: hasta 22.000 libras según Lockheed Martin.
- Configuración común: 14 misiles AIM-120 y 2 AIM-9X.
- Útil en fases avanzadas de la guerra, donde el sigilo ya no es crucial.
- Compatible con todas las variantes del F-35: A, B y C.
- Ejemplo real: F-35I israelí con JDAM externas en operaciones sobre Gaza.

Israel demuestra la efectividad del F-35I en conflictos reales
La Fuerza Aérea de Israel ha sido pionera en el uso operativo del F-35 en su configuración de carga completa. Desde el inicio de la guerra con Hamás en octubre de 2023, los F-35I “Adir” realizaron más de 15.000 horas operativas, llevando a cabo miles de misiones armados con bombas JDAM instaladas en soportes externos.
En estos contextos, donde el enemigo carece de defensas antiaéreas avanzadas, el sacrificio del sigilo no representa una desventaja. La versión israelí del F-35 incluye modificaciones personalizadas en sistemas de guerra electrónica y software, lo que podría otorgarle ventajas adicionales sobre el modelo estándar.
El uso del “Modo Bestia” permitió a Israel maximizar la carga ofensiva por unidad aérea, incrementando la eficiencia en misiones de apoyo aéreo cercano y ataques de precisión sin comprometer recursos adicionales.
Otras fuerzas aéreas también han probado esta modalidad. Un F-35A de la Real Fuerza Aérea Holandesa fue fotografiado en 2018 con cuatro bombas GBU-12 y dos AIM-9X, lo que valida su viabilidad táctica y lo posiciona como una alternativa a aviones tradicionales como el F-15E Strike Eagle.
Las limitaciones operativas del “Modo Bestia” reducen su sigilo
Uno de los principales inconvenientes del “Modo Bestia” es la pérdida significativa de sigilo. Al montar armamento externo, la firma radar del F-35 se incrementa considerablemente, haciéndolo más vulnerable a sistemas de defensa aérea como el S-400 ruso. Esta condición lo vuelve inadecuado para operaciones en las primeras fases de un conflicto contra adversarios tecnológicamente avanzados.
Expertos señalan que los materiales absorbentes de radar y la geometría del F-35 están diseñados para ser efectivos solo cuando el armamento se encuentra en compartimentos internos. Al desplegar armamento externo, el avión pierde su ventaja de ser un “francotirador invisible” y se convierte en un objetivo más visible en el radar enemigo.
Además, el impacto en el rendimiento aerodinámico no es menor. El aumento de peso y resistencia reduce la maniobrabilidad, el alcance y la velocidad. En el caso del F-35B, la variante de despegue corto y aterrizaje vertical, estas limitaciones son más marcadas: no puede aterrizar verticalmente con armamento completo, lo que obliga a desprenderse del mismo antes de regresar.
Incluso en la versión convencional, el F-35A, la carga externa compromete el rendimiento en combate aire-aire. Pruebas han demostrado que el F-35B requiere 18 segundos adicionales para acelerar de Mach 0.8 a 1.2 en comparación con el F-35A, y su límite de fuerza G se reduce de 9 a 7 G.
Incremento de costos y cuestionamientos sobre su utilidad estratégica
Otro factor a considerar es el aumento de los costos operativos. Equipar el avión con una carga completa de armamento de precisión, como las GBU-12 o GBU-54, implica un gasto considerable. Además, el desgaste en puntos de anclaje y estructura aumenta la necesidad de mantenimiento, inspecciones y reemplazos.

El programa F-35 ya enfrenta críticas por sus elevados costes. Según la Oficina de Responsabilidad Gubernamental de EE. UU. (GAO), el gasto total de adquisición y mantenimiento supera el billón de dólares. El uso frecuente del “Modo Bestia” podría elevar aún más estos números, especialmente en escenarios de largo plazo o despliegues continuos.
Asimismo, existen dudas sobre su relevancia estratégica en conflictos de alta intensidad. Contra rivales como China o Rusia, donde se enfrentarían cazas de quinta generación como el J-20 o Su-57, perder el sigilo puede poner al F-35 en una posición táctica desfavorable. En estos escenarios, sus sensores avanzados y conectividad en red no compensarían completamente la pérdida de invisibilidad radar.
También se ha cuestionado la viabilidad técnica de cargar los 16 misiles aire-aire prometidos inicialmente por Lockheed Martin en esta configuración. Limitaciones físicas en los puntos de anclaje han impedido materializar este escenario, lo que ha generado críticas sobre posibles exageraciones publicitarias.
El “Modo Bestia” del F-35 es una herramienta útil pero no universal
El “Modo Bestia” del F-35 no representa una solución para todos los escenarios, sino una opción táctica condicionada al contexto del campo de batalla. Mientras que ofrece ventajas claras en conflictos asimétricos —como las operaciones israelíes contra Hamás—, su efectividad disminuye en entornos con defensas antiaéreas avanzadas.
Su aplicación requiere un análisis cuidadoso de las condiciones estratégicas, equilibrando la necesidad de capacidad ofensiva con los riesgos asociados a la pérdida de sigilo y la reducción del rendimiento en combate cerrado. Esta modalidad amplía la versatilidad del F-35, pero también expone sus limitaciones.
En resumen, el “Modo Bestia” es una manifestación del diseño dual del F-35: un avión que puede actuar como caza furtivo o bombardero ligero, dependiendo del entorno operativo. Su implementación dependerá de las doctrinas militares y de la evolución de las amenazas tecnológicas en los próximos años.
Por tanto, aunque no es aplicable universalmente, el “Modo Bestia” consolida al F-35 como una plataforma flexible y adaptable, capaz de ofrecer múltiples soluciones tácticas en los conflictos del presente y del futuro.