El caza ruso Su-57 avanza con mejoras parciales en stealth y maniobrabilidad, pero no logra igualar el nivel tecnológico de sus competidores occidentales.
El Su-57 nace como la apuesta rusa por un caza furtivo de quinta generación
Desde su primer vuelo el 29 de enero de 2010, el Sukhoi Su-57 ha sido presentado como el símbolo de la ambición aeroespacial rusa. Desarrollado a partir del programa PAK FA, el caza debía contrarrestar la supremacía aérea occidental encarnada en el F-22 Raptor y el F-35 Lightning II. La narrativa oficial ha promovido al Su-57 como una plataforma avanzada capaz de combinar ataque, defensa y sigilo, pero tras más de una década de pruebas y producción lenta, las dudas sobre su rendimiento real persisten.
El gobierno ruso, junto con medios estatales como TASS y la corporación Rostec, ha exaltado sus características: supercrucero, aviónica de última generación, materiales compuestos y un diseño que supuestamente minimiza su firma radar. Sin embargo, evaluaciones técnicas independientes sostienen que el Su-57 presenta deficiencias que lo alejan del estándar de un verdadero caza stealth de quinta generación.
Los contratiempos en su desarrollo, incluyendo el accidente del primer modelo de producción en 2019, retrasos con el motor Izdeliye 30 y problemas logísticos derivados de las sanciones internacionales, han ralentizado su incorporación efectiva a la Fuerza Aérea rusa. En 2025, apenas 15 a 20 unidades están en servicio activo, lejos de las 76 prometidas para 2028.
El Su-57 ha sido promocionado como una obra maestra tecnológica, pero en la práctica representa un esfuerzo ambicioso con limitaciones visibles, sobre todo en lo que respecta a sus credenciales furtivas frente a los estándares occidentales.
Los materiales stealth del Su-57 generan más expectativas que resultados
Una de las piezas centrales del discurso oficial ruso es el uso de recubrimientos que absorben ondas de radar. En 2019, Rostec anunció un nuevo canopy con óxidos metálicos de entre 70 y 90 nanómetros, diseñado para reducir la firma radar del cockpit en un 30% y duplicar la absorción electromagnética, además de filtrar radiación ultravioleta y térmica.

En 2023, Ruselectronics afirmó haber desarrollado una fibra de vidrio con núcleo metálico que absorbe hasta el 95% de la radiación radar, aplicada a las palas del compresor. Según los fabricantes, esta innovación reduce la necesidad de mantenimiento frecuente, una crítica común en cazas furtivos estadounidenses como el F-117.
A pesar de estas afirmaciones, expertos subrayan que la furtividad depende no solo de los recubrimientos, sino también de un diseño físico que minimice superficies reflejantes, integre materiales absorbentes y oculte componentes críticos. El Su-57 no oculta por completo las palas del compresor, lo que compromete su capacidad de evasión ante radares modernos.
La estimación de su sección transversal de radar (RCS) varía entre 0.1 y 1 m², un avance respecto al Su-27, pero todavía muy lejos de los 0.0001-0.005 m² del F-22 o F-35. Esta diferencia lo hace detectable desde distancias considerablemente mayores, afectando su operatividad en zonas de alta amenaza.
Aspectos técnicos cuestionados del Su-57 frente a sus rivales
- La sección radar estimada (RCS) es entre 20 y 100 veces superior a la de cazas stealth occidentales.
- Las palas del compresor son parcialmente visibles, afectando la discreción frontal.
- El diseño de las entradas de aire no oculta completamente los reflejos de radar.
- Recubrimientos electromagnéticos han sido anunciados, pero su efectividad es incierta.
- Los recubrimientos rusos prometen bajo mantenimiento, pero no igualan la eficiencia de materiales furtivos avanzados.
La calidad de construcción ha generado críticas desde exposiciones públicas
Las imágenes obtenidas de los primeros prototipos del Su-57, como los desplegados en Siria en 2018 o presentados en Zhuhai 2024, revelaron acabados con paneles desalineados y tornillos visibles. Este tipo de detalles contradice los principios básicos de fabricación stealth, que exigen tolerancias mínimas y superficies perfectamente integradas.
Aunque Rusia sostiene que estas imperfecciones corresponden solo a unidades de prueba, las críticas de expertos y observadores internacionales no han cesado. En China, los comentarios en redes sociales tras la exhibición del Su-57 en el Airshow de Zhuhai fueron especialmente severos, en comparación con el más pulido J-20.
Desde entonces, el Su-57 ha mostrado algunas mejoras visibles, como superficies más uniformes y presencia de bahías internas de armas. Sin embargo, las deficiencias en la precisión de ensamblaje continúan alimentando el escepticismo sobre su verdadero nivel tecnológico.
En la industria aeronáutica de sigilo, las pequeñas imperfecciones pueden significar grandes compromisos en desempeño. Y en este sentido, la fabricación del Su-57 todavía no iguala los estándares alcanzados por empresas como Lockheed Martin o Northrop Grumman.
El Su-57 ha sido desplegado con cautela y su producción sigue limitada

Rusia ha afirmado que el Su-57 ha demostrado su eficacia en la guerra en Ucrania, lanzando misiles de largo alcance desde territorio nacional. Pero el Ministerio de Defensa del Reino Unido indicó que estas misiones se realizan desde zonas seguras, lo que evidencia una estrategia conservadora para no arriesgar un recurso escaso.
Con menos de 20 unidades operativas y una cadena de producción afectada por sanciones y problemas logísticos, el Su-57 no ha alcanzado un despliegue significativo. La pérdida de al menos un ejemplar en Akhtubinsk, en 2024, durante un ataque con drones, demostró su vulnerabilidad operativa.
Las promesas de entregar 76 cazas para 2028 parecen lejanas, dadas las dificultades para escalar la producción y completar el desarrollo del motor definitivo, el Izdeliye 30. El modelo actual emplea motores AL-41F1, similares a los del Su-35.
El Su-57 ha sido introducido más por razones simbólicas y propagandísticas que por un impacto estratégico real, al menos en su estado actual. Aun así, su evolución continúa, con integración de sensores como el 101KS-V y el radar N036 Byelka.
El mercado internacional no ha respondido al modelo ruso
La campaña de exportación del Su-57 ha sido agresiva. Rusia ha ofrecido producción local y transferencia total de tecnología a países como India, Turquía y Argelia. Sin embargo, hasta ahora, ningún comprador ha cerrado acuerdos firmes.
India abandonó en 2018 su participación en el programa FGFA, derivado del Su-57, citando preocupaciones sobre su capacidad stealth y aviónica. En Aero India 2025, Rusia volvió a promocionar el caza, pero no logró interés sustancial.
En el contexto chino, donde el Su-57 fue expuesto por primera vez en Zhuhai, los expertos locales favorecieron abiertamente al J-20 como opción superior. Las redes sociales reflejaron críticas sobre la estética y acabados del avión ruso.
El bajo interés extranjero refleja la percepción de que el Su-57, aunque es un avance ruso importante, no compite directamente en calidad con cazas furtivos consolidados como el F-35 o el J-20. La retórica propagandística no ha sido suficiente para cerrar contratos.
El Su-57 revela tanto los logros como los límites de la industria rusa

El Su-57 representa un esfuerzo relevante de Rusia por entrar al segmento de la quinta generación. Sus capacidades en maniobrabilidad, velocidad y sensores multifuncionales son válidas. Pero su perfil stealth, comparado con modelos occidentales, sigue sin estar a la altura.
El diseño de sus bahías internas de armamento y el enfoque en combates cercanos sugieren una estrategia táctica distinta a la de EE. UU., más orientada a flexibilidad que a ataques invisibles de precisión. Este enfoque, sin embargo, resulta menos eficaz en un entorno dominado por sensores avanzados y misiles BVR.
Mientras Rusia insiste en pintar al Su-57 como un hito tecnológico, la evidencia apunta a un avión con avances parciales y limitaciones estructurales. La narrativa oficial ha elevado sus expectativas, pero la realidad técnica y operativa matiza esas afirmaciones.
El Su-57 Black no es un fracaso absoluto, pero tampoco es el revolucionario que su propaganda intenta mostrar. Es una máquina ambiciosa nacida de un contexto geopolítico y económico complejo, cuyas capacidades reales deberán medirse en el tiempo y no en declaraciones públicas.