El buque anfibio Ivan Rogov avanza hacia su botadura pese a restricciones internacionales, mostrando la resiliencia industrial de la Armada rusa.
El proyecto 23900 surge tras la pérdida de los buques clase Mistral
Tras la cancelación del contrato con Francia por dos portahelicópteros clase Mistral en 2015, Rusia inició el diseño de un reemplazo nacional. La ruptura del acuerdo, provocada por la anexión de Crimea y la guerra en el este de Ucrania, dejó a Moscú sin capacidad anfibia moderna. Francia devolvió los fondos y vendió los buques a Egipto, forzando a Rusia a desarrollar su propio diseño.
Los conceptos Lavina y Priboy fueron presentados como alternativas, pero finalmente se eligió el Proyecto 23900, que materializó la intención rusa de recuperar y expandir sus capacidades navales. El contrato para construir los dos primeros buques, por 100 mil millones de rublos, se firmó el 22 de mayo de 2020, asignando los trabajos al astillero Zaliv en Crimea.
La elección de Crimea como centro de construcción respondió a motivos estratégicos: Zaliv, históricamente activo en la era soviética, está fuera del alcance de sanciones aplicables en territorio ruso continental. Su ubicación permite además reforzar la presencia rusa en el mar Negro, una región de creciente importancia operativa.
El primero de los buques, Ivan Rogov, junto con su gemelo Mitrofan Moskalenko, representa el mayor esfuerzo naval ruso desde la caída de la Unión Soviética en términos de capacidad de proyección anfibia.
Especificaciones técnicas clave del Ivan Rogov
- Desplazamiento: aproximadamente 40,000 toneladas
- Capacidad de tropas: hasta 900 infantes de marina
- Helicópteros a bordo: hasta 15 unidades
- Vehículos: 75 blindados + 3 lanchas de desembarco
- Plataforma de drones: hasta 4 S-70 Okhotnik-B
- Misiles integrables: sistema Zircon con designación por drones
Las sanciones internacionales no han detenido el ritmo de construcción
La colocación de la quilla del Ivan Rogov se realizó el 20 de julio de 2020. Para febrero de 2021, los cascos comenzaron a ensamblarse en el astillero Zaliv. Este progreso ha sorprendido a algunos analistas, dada la presión económica que enfrenta Rusia por las sanciones impuestas desde 2014 y endurecidas tras la invasión a Ucrania en 2022.
La United Shipbuilding Corporation (USC), a cargo del proyecto, ha sido blanco de estas sanciones. Sin embargo, su filial, el JSC Zelenodolsk Design Bureau, responsable del diseño del Proyecto 23900, ha mantenido el trabajo mediante sustitución de componentes y uso de sistemas desarrollados en Rusia.
La ausencia de motores y electrónica occidentales ha sido suplida por fabricantes nacionales como Saturn, aunque a costa de menores prestaciones y eficiencia. La industria rusa ha priorizado proyectos clave como el Ivan Rogov, desviando recursos de programas secundarios.
La construcción se ha visto afectada por problemas logísticos, limitaciones en la cadena de suministros y aumento de costos, pero no se ha detenido. Las expectativas iniciales de entrega para 2025 fueron ajustadas, con el buque ahora proyectado para pruebas de mar en 2027 y entrada en servicio en 2028.
El Ivan Rogov reforzará operaciones rusas en el mar Negro y más allá
El Ivan Rogov tiene como destino estratégico apoyar la debilitada Flota del mar Negro, afectada por la guerra en Ucrania y la pérdida del crucero Moskva en abril de 2022. Su gemelo, el Mitrofan Moskalenko, está previsto como buque insignia de esta flota, lo que subraya su importancia en la doctrina naval rusa.
Las instalaciones de Sebastopol, diseñadas originalmente para los buques Mistral, están siendo modificadas para acoger los nuevos navíos de asalto. Esto indica una continuidad en la estrategia rusa de tener capacidad de desembarco rápido en costas extranjeras.
El diseño del Ivan Rogov refleja una orientación hacia guerra multidominio, con integración de drones de ataque y misiles hipersónicos. Esta capacidad busca compensar la inferioridad numérica frente a flotas como las de la OTAN con superioridad tecnológica en misiones específicas.
Mientras el Moskva priorizaba la defensa antiaérea y el combate naval, el Ivan Rogov se enfoca en proyección terrestre, transporte aéreo-táctico y mando operativo. Su tamaño y configuración lo sitúan como el mayor buque de guerra de la flota rusa en términos de desplazamiento.
Presupuesto militar y financiamiento desafían los efectos de las sanciones
La construcción del Ivan Rogov se financia en un contexto de restricciones económicas. La exclusión de Rusia del sistema SWIFT y la reducción de ingresos energéticos complicaron los flujos de capital. Sin embargo, el presupuesto de defensa alcanzó en 2024 el 6% del PIB, permitiendo sostener proyectos prioritarios como este.
El Kremlin ha desviado fondos de sectores civiles y recurrido a exportaciones opacas de petróleo y gas a través de una “flota fantasma” para generar ingresos no trazables. Parte de estos recursos podrían estar sosteniendo directamente la construcción naval militar.
A nivel logístico, el transporte de componentes ha requerido rutas alternativas, incluyendo acuerdos con China, Irán y Corea del Norte, cuyos sistemas industriales ayudan a suplir partes que antes llegaban de Europa o Ucrania. Esto ha aumentado los tiempos de entrega, pero ha asegurado continuidad.
El avance del Ivan Rogov confirma que Rusia prioriza su proyección naval de poder, incluso en un entorno geopolítico adverso. Si bien los retrasos son evidentes, la capacidad de mantener el proyecto vivo bajo sanciones refleja una estrategia de largo plazo y alto compromiso estatal.