La base aérea T-4 albergaría el sistema ruso S-400 bajo control turco, reconfigurando el equilibrio regional y generando tensiones entre Ankara y Washington.
Turquía consolida presencia en Siria tras la caída del régimen de Assad
El gobierno turco ha intensificado su presencia en el centro de Siria mediante el control operativo de la base aérea T-4, situada en la provincia de Homs, cerca de Palmira. Esta instalación, anteriormente utilizada por el régimen de Bashar al-Assad con respaldo de Irán y Rusia, ha sido objeto de una reorganización militar tras el colapso del gobierno sirio en diciembre de 2024.
Fuentes regionales aseguran que Turquía transformará la T-4 en un centro de defensa aérea avanzado. El despliegue del sistema ruso S-400 Triumf, junto con capacidades propias como el Hisar-O+ y drones de largo alcance, marca un paso estratégico en la expansión turca hacia el interior sirio. Esta operación se enmarca dentro de una estrategia más amplia de Ankara, que ya mantiene presencia militar en el norte del país.
El despliegue del S-400, un sistema de defensa antiaérea adquirido a Rusia en 2019, ocurre en un contexto geopolítico especialmente delicado para Estados Unidos, que mantiene operaciones activas en Siria y considera a Turquía un aliado esencial dentro de la OTAN.
Elementos clave del despliegue turco en la base aérea T-4

- Ubicación estratégica: centro de Siria, punto clave para controlar zonas desérticas y ejes de comunicación.
- Armamento desplegado: sistema ruso S-400, defensa nacional Hisar-O+, drones Bayraktar TB2 y Akinci.
- Objetivo militar: transformar la base en centro de monitoreo y defensa aérea regional.
- Alianzas locales: posible acuerdo con el nuevo liderazgo sirio respaldado por HTS.
Estados Unidos enfrenta un dilema estratégico con un aliado de la OTAN
El uso del sistema S-400 por parte de Turquía ya generó fricciones con Estados Unidos desde su adquisición en 2019. En 2020, Ankara fue sancionada bajo la Ley CAATSA y expulsada del programa F-35. La operación del S-400 en suelo sirio, donde tropas y aeronaves estadounidenses siguen desplegadas, añade una nueva dimensión al conflicto diplomático entre ambos países.

Desde el punto de vista militar, el S-400 podría interferir con las misiones aéreas estadounidenses e israelíes, poniendo en riesgo la coordinación entre aliados en un entorno de operaciones ya saturado. Además, Washington teme que la activación del sistema ruso en un teatro compartido pueda exponer vulnerabilidades de aeronaves occidentales.
La Casa Blanca debe ahora decidir entre presionar públicamente a Turquía, correr el riesgo de tensar aún más la relación bilateral, o negociar discretamente restricciones al uso del S-400 en Siria. Ambas opciones implican costos: la primera podría empujar a Turquía más cerca de Rusia; la segunda, dañar la credibilidad de EE. UU. ante sus socios en la región.
El despliegue, por tanto, no es solo un problema técnico, sino una cuestión de coherencia estratégica dentro de la OTAN y de influencia estadounidense en Oriente Medio.
Israel y los kurdos expresan preocupación ante la nueva configuración
Israel ha mantenido durante años una campaña aérea activa contra objetivos iraníes en Siria, incluidas instalaciones en la base T-4. La presencia del S-400 bajo control turco podría limitar su margen de acción en el espacio aéreo sirio, lo que representa una amenaza directa para su estrategia de disuasión regional.
En paralelo, los grupos kurdos en el noreste de Siria, respaldados por EE. UU., temen que el refuerzo turco sirva como preámbulo a una ofensiva mayor contra sus posiciones. Las milicias kurdas han sido un actor central en la lucha contra ISIS y consideran la expansión turca como una amenaza existencial.
La base T-4 se perfila así como un punto de tensión entre Turquía, Israel, Estados Unidos y actores locales. Cualquier incidente podría desestabilizar aún más una región en fase de transición y consolidación post-régimen.
Rusia observa sin intervenir: pero se beneficia del reposicionamiento turco

Rusia, proveedor del sistema S-400, ha reducido parte de su presencia militar directa en Siria, aunque mantiene bases en Hmeimim y Tartus. La decisión de Ankara de desplegar el S-400 en la T-4 puede favorecer indirectamente los intereses rusos, al dificultar las operaciones de EE. UU. e Israel, sin que Moscú intervenga activamente.
Aunque no hay pruebas públicas de una coordinación explícita entre Ankara y el Kremlin, analistas coinciden en que el uso de sistemas rusos por parte de un miembro de la OTAN dentro de un espacio aéreo compartido con EE. UU. representa un éxito estratégico para Rusia.
De esta manera, el movimiento turco alimenta la fragmentación de intereses dentro de la Alianza Atlántica, al tiempo que refuerza la imagen de Moscú como proveedor militar confiable en escenarios posconflicto.