En su discurso a la nación, Biden enfatiza la inquebrantable búsqueda de la paz y una solución de dos estados, declarando: “No podemos renunciar a la paz. No podemos renunciar a una solución de dos Estados”. Subraya la necesidad de seguridad, dignidad y paz para Israel y los palestinos, asegurando que ambos “merecen por igual vivir en seguridad, dignidad y paz”.
Biden también hace un llamado a la reflexión interna, señalando el creciente problema del odio y la discriminación en Estados Unidos: “Aquí en casa, tenemos que ser honestos con nosotros mismos. En los últimos años, demasiado odio ha dado demasiado oxígeno, alimentando el racismo, el aumento del antisemitismo y la islamofobia aquí mismo, en Estados Unidos”.
Expresa su preocupación por la ansiedad que sienten las familias judías ante la posibilidad de sufrir ataques, simplemente por exhibir signos de su fe en público, ilustrando que “hoy en día, las familias judías están preocupadas por ser objeto de ataques en la escuela o por llevar símbolos de su fe mientras caminan por la calle o salen a hacer su vida cotidiana”.
Además, el presidente recuerda un reciente y doloroso incidente, el asesinato motivado por el odio de un joven palestino-estadounidense de 6 años. El niño y su madre fueron brutalmente atacados por un individuo que los atacó por su religión.