Zvika Klein, editora del Jerusalem Post, fue liberada por la policía después de ser detenida bajo arresto domiciliario por su vinculación al caso Qatar Gate. Su liberación no estuvo acompañada de ninguna condición restrictiva, aunque la policía confiscó su teléfono móvil, el cual permanece bajo su custodia sin una orden judicial.
Al conocerse las acusaciones por parte del Procurador, los allegados de Klein respondieron publicando una versión distinta de los hechos que condujeron a su arresto domiciliario. Klein aseguró: «Nunca he recibido ningún beneficio ni nada de Qatar ni de ninguna otra parte en su nombre. Mi visita a ese país fue exclusivamente por motivos periodísticos, y esa fue la razón por la que fui investigada, no por las filtraciones ilegales de los interrogatorios».
Además, los allegados de Klein destacaron que «Zvika siempre se ha ceñido a la ética periodística en su cobertura de Qatar. En contraposición a lo señalado por el Fiscal general, nunca formó parte de ningún ‘mecanismo’.
Todas sus acciones fueron completamente legales y respetaron el secreto profesional, avalado por fallos del Tribunal Supremo a lo largo de los años. Por esta razón, fue liberada esta mañana y pudo retomar su vida sin restricciones. No está claro aún qué se le imputa ni si realmente es sospechosa».
Esta respuesta se produjo después de que el fiscal general Miahra y el fiscal del estado emitieran un comunicado detallando la investigación sobre Klein y la citación de otros periodistas para declarar en el caso.
El comunicado reveló que Klein fue inicialmente citada como testigo, no como sospechosa. «Durante su declaración, surgió una fuerte sospecha de que ella, junto con asesores del primer ministro, formaba parte de un mecanismo para recibir beneficios de Qatar a cambio de promover sus intereses». En consecuencia, se decidió abrir una investigación sobre la recepción de beneficios provenientes de Qatar.